Despotismo Ilustrado

Federico II de Prusia con artistas y filósofos, Voltaire a la izquierda.

En la segunda mitad del siglo XVIII aparece en gran parte de Europa una nueva forma de gobierno, el Despotismo Ilustrado en un intento de conciliar el absolutismo con las ideas de la ilustración. El rey sigue siendo un monarca absoluto y se consideraba padre de sus súbditos. Federico II decía "El soberano debe ver, pensar y actuar para toda la comunidad", solicitando a sus súbditos "que sean buenos ciudadanos en todo lo que se les pide", en este sentido quedó consagrada, para definir el Despotismo, la expresión "Todo para el pueblo, pero sin el pueblo".
Algunos filósofos vieron bien este sistema, pues el poder se situaba en el camino de la razón y se orientaba hacia el progreso y la felicidad de los súbditos.
Los monarcas contribuyeron al progreso e iniciaron una política reformista:
Apoyaron el centralismo y la uniformidad de las instituciones.
Liberaron la propiedad de las vinculaciones y el comercio del intervencionismo de las corporaciones.
Fomentaron las obras públicas y la colonización de nuevas tierras.
Se desarrollaron las Academias, las Sociedades científicas y las Sociedades de Amigos del País.
En materia de religión fueron más tolerantes.
Monarcas Ilustrados:
Federico II de Prusia, abolió la tortura, reformó la justicia, organizó la enseñanza secundaria, fomentó la industria, y organizó el ejército.
Catalina II de Rusia, reorganizó la administración, desarrolló una intensa política de poblamiento, reforzó el poder militar de Rusia.
José II de Austria, abolió la servidumbre, estableció impuestos equilibrados, acordó la libertad de culto.
Carlos III de España, redujo los privilegios de la nobleza, colonizó Sierra Morena, impulsó la enseñanza, urbanizó y embelleció Madrid.
Carlos III comiendo ante su corte de Paret.

Textos:

El gobierno despótico de Federico II

Un principe no debe mostrar nada más que el lado bueno ... Mi cortejo es muy poco numeroso pero bien escogido; mi carruaje es simple, pero en compensación tiene buena suspensión y yo estoy allí como en mi cama. Cuando llego a un lugar, llevo siempre un aire fatigado, y me muestro al pueblo con un pobre vestido y la peluca despeinada. Éstas son las cosas que producen una impresión singular. Doy audiencia a todo el mundo ... en todo lo que digo, doy la impresión de no pensar más que en la felicidad de mis súbditos; hago preguntas a los nobles, a los burgueses y a los artesanos, y entro con ellos en los más pequeños detalles. Hasta el momento, todo el mundo cree  que sólo el amor que tengo por mis súbditos me obliga a visitar mis estados tan frecuentemente como me es posible. Yo dejo a todo el mundo con esta idea, pero en verdad éste no es el verdadero motivo. El hecho es que yo estoy obligado a hacerlo y he aquí por qué: mi reinado es despótico, por consiguiente uno solo lleva la carga; si yo no recorriese mis estados, mis gobernadores se pondrían en mi lugar y poco a poco, se despojarían de los privilegios de la obediencia, para no adoptar nada más que principios de independencia.
Federico II, Correspondencia
Tomado de Texto de santillana

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