La ciudad islámica

La actividad de la ciudad giraba en torno a los zocos. El centro comercial solía estar cerca de la mezquita aljama y en su entorno se alzaban alhóndigas, albergues y baños. La calle principal que accedía a dicho centro era el eje de referencia de las calles centrales de los barrios. 
El  barrio se asemejaba a una pequeña ciudad y tenía su propia administración y sistema defensivo tanto en el centro como en los arrabales, los ricos y los pobres vivían sin distinciones de lugar.
La casa
La provisionalidad de los núcleos de población surgidos en torno a las rutas comerciales o a las expediciones militares propiciaron una casa temporal levantada con materiales pobres. La vivienda era lugar de reclusión, de respeto a la intimidad y la segregación de la mujer del resto de la familia.
Tenía uno o varios pisos en torno a un gran patio interior, en las zonas rurales podía ser exterior. 
El patio solía tener forma rectangular y en las casas acomodadas, jardines y fuentes. El patio era la verdadera fachada pues el muro que daba a la calle era liso y su única abertura era la puerta de entrada.

La necesidad de ocultar a la mirada del curioso el modo de vivir hizo que el acceso al patio no fuese directo, sino a través de un vestíbulo convertido en largo pasadizo. Cercano a este vestíbulo se hallaban las habitaciones de hombres y huéspedes y el harén se situaba lo más apartado posible.

Existían distintas zonas de estar, a tenor del día y la estación del año, buscando la temperatura ideal.

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