Texto:
Los humanos vistos por un extraterrestre

Prefiero no dar mi nombre, ya que mi situación actual es algo delicada. Sepa el lector que he sido castigado a convivir, durante un periodo de cinco años, con los habitantes de un planeta (la Tierra) de costumbres salvajes.

Ya hace un año que fui abandonado por mis verdugos en un descampado de un territorio que pertenece a un Estado que se llama España.

  Los terrícolas tienen la curiosa costumbre de dividir el espacio que habitan en Estados, es decir en tierras gobernadas por unas mismas autoridades; a dicha tierra y a los sujetos que viven en ella les ponen nombres como suecos,

 españoles ... y otras extravagancias por el estilo ...



Los que habitan la Tierra poseen la peregrina idea de que son muchos y muy distintos. En una de mis conversaciones con un profesor universitario me indicó que el planeta está superpoblado ... cuando todos ellos juntos caben dentro de las fronteras de uno de sus pequeños países ... tampoco pude dar crédito a las palabras de mi interlocutor cuando trató de explicarme que las guerras y otros conflictos del mundo tienen que ver con la diversidad entre los grupos de personas que pueblan la Tierra.

 La verdad es que en el año que llevo viajando  por la Tierra, en los incómodos y lentos aparatos aéreos de esta gente, he visitado muchas ciudades, pueblos, barrios y todo tipo de poblamiento humano; en todos ellos he encontrado un alto grado de brutalidad, desigualdad y mucho atraso material, pero no diferencias importantes entre las personas.


El ser humano terrestre, en lo fundamental, es muy parecido, después de este tiempo, todavía tengo dificultades para distinguir entre un asiático y un escandinavo: todos me parecen inexpresivos y carentes de una inteligencia profunda.
  En cuanto a inteligencia, los seres humanos dejan mucho que desear y me estremezco sólo de pensar el tiempo que aún me queda en su compañía. Por lo que veo y me han contado de su historia, poseen unas normas que llaman derecho internacional y unas instituciones, como la ONU, para evitar guerras. Al parecer no han tenido mucha suerte, pues en el siglo XX ha habido dos guerras mundiales que han causado más de sesenta millones de muertos, y cuando escribo esto hay guerras y matanzas en varios puntos de este desgraciado planeta. Todo ello me lleva a pensar que se mueven más por instinto que por la razón.
  Estas guerras y matanzas se justifican con ideas políticas y religiosas, que suelen ser muy simples pero muy eficaces para lanzar a unos contra otros. Los humanos tienden a identificarse con colores, consignas, propagandas y todo tipo de invenciones creadas por sus líderes políticos, religiosos, culturales, etc. Es como si necesitaran aferrarse a algo: normalmente se identifican con un Estado-nación y, en general, con el territorio que ocupan y la lengua que hablan. Aunque algunos presuntos intelectuales terrícolas han intentado explicar el apego al territorio y los conflictos armados .... por la similitud  que hay entre el comportamiento animal y el humano ... yo no soy partidario de esta opinión y prefiero atribuir tal comportamiento a la locura colectiva que se apodera del género humano cada cierto tiempo.
  Esta locura no puede tener otra explicación que las curiosas condiciones climáticas que reinan  en este extraño y desdichado planeta.

En efecto, la Tierra posee un clima lleno de variaciones estacionales; los cambios bruscos de calor y frío, de lluvia y aridez, trastornan a cualquier ser vivo.


Yo mismo empiezo a sufrir las pasiones de estos seres lamentables. Ayer me sorprendí pensando que, dentro de lo malo, era un consuelo haber sido exiliado a España, país con muchas deficiencias por el que empiezo, sin embargo, a padecer una cierta, debilidad. En fin, las costumbres humanas además de penosas son contagiosas.

Procura dar la razón o quitársela a este curioso observador externo.

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